Las Salinas de Santa Pola
Las actuales Salinas de Santa Pola y el espacio que hoy en día constituye El Fondo conformaban antiguamente una gran zona húmeda conocida como la albufera de Elche, que abarcaba casi toda la llanura de Elche.
El Parque Natural de las Salinas de Santa Pola tiene 2.470 hectáreas. Los ambientes que se encuentran en este enclave son muy variados.
Desde la carretera N-332, que atraviesa de norte a sur el paraje, se puede disfrutar de las espectaculares concentraciones de distintas especies de aves limícolas que se alimentan en las salinas. Este hecho, junto con la vistosa coloración rosada de las balsas con mayor concentración salina, confiere al parque una gran belleza. La extracción de sal es la actividad económica fundamental en la zona y, en gran medida, conforma el ecosistema actual.
La dinámica de las salinas consiste en hacer circular el agua marina por un circuito de balsas para obtener una progresiva concentración en sales como consecuencia de la evaporación. El gran interés biológico de las salinas mediterráneas estriba en que la circulación del agua no se detiene durante el invierno. Las balsas, que ocupan una extensa superficie, permanecen inundadas durante todo el año por lo que el ecosistema, de extraordinaria importancia, se mantiene. Las aves se alimentan de los peces e invertebrados que penetran en las salinas mientras que la producción salinera se beneficia de la riqueza mineral aportada por los excrementos de la avifauna. Este es el motivo por el cual una de las finalidades del parque natural es fomentar y garantizar el mantenimiento a largo plazo de la explotación salinera.
Vegetación
Las formaciones vegetales en el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola son muy variadas y tienen gran interés para la conservación.
En las dunas litorales se desarrollan los matorrales de espigadilla de mar (Crucianella maritima). En el caso de los saladares dominan diversas especies de sosas (p. ej. Halocnemum strobilaceum) y juncos (Juncus sp.pl.)
Las estepas salinas forman un cinturón que rodea los saladares. La especie más característica por ser un endemismo exclusivo de esta localidad es la saladilla de Santa Pola (Limonium santapolense).
En el parque existe también el ecosistema denominado litoral asociado, que cuenta con abundante vegetación de algas y de fanerógamas marinas (p.ej. Rupia sp.pl.). Además, destaca en las salinas la presencia de hidrófitos de aguas salinas como el alga Lamprothamnium papulosum.
Fauna
Las grandes colonias de cría de algunas aves tienen gran interés. La avoceta, la cigüeñuela, el chorlitejo patinegro, el charrancito o el charrán común, son ejemplos de la variedad faunística de este enclave natural. Destaca también la presencia como nidificante del tarro blanco y de la cerceta pardilla, una especie en peligro de extinción.
Otras aves, atraídas por esta zona que les proporciona agua y comida en cualquier época del año, también ocupan las salinas temporalmente.
En esta situación se encuentra el flamenco, que puede observarse en el parque en concentraciones de hasta 8.000 individuos, las anátidas, como el pato cuchara, el pato colorado, el porrón común o la cerceta común y limícolas como las avocetas, las cigüeñuelas, los chorlitejos, las agujas colinegras, los correlimos y los archibebes.
También pueden observarse con facilidad: garzas, zampullines, charranes, fumareles, gaviotas, rascones, fochas y pollas de agua.
Las aves no catalogadas como acuáticas, pero ligadas a ecosistemas húmedos, tienen una importante presencia en las Salinas de Santa Pola.
Ejemplares de aguilucho lagunero, de aguila pescadora, de carricero y de bigotudo se observan en este parque.
Por otro lado, tiene gran interés biogeográfico la presencia en la zona del fartet, un pez ciprinodóntido endémico de la geografía valenciana. La lagartija colirroja, la cenicienta y algunos invertebrados de difícil localización en los arenales costeros hacen más atractiva todavía la visita a las salinas.
Historia
La descripción de Madoz, realizada en 1845, constataba la reducción del gran humedal y la separación de estas dos zonas por un terreno seco. Anteriormente, en 1700, la albufera perteneció al Duque de Arcos, quien la utilizaba para su explotación cinegética y piscícola. El rey había otorgado al noble su propiedad.
Sin embargo, la gran transformación de este espacio natural se produce entre finales del siglo XIX y principios del XX, como consecuencia de la instalación de las explotaciones salineras. Este acontecimiento ocasionó la necesaria adaptación, relleno y excavación del terreno para la construcción de balsas.
Las salinas comenzaron a funcionar en 1890 en el Pinet e inmediatamente en Braç del Port. Años más tarde, en las décadas de los cincuenta y sesenta, el Instituto Nacional de Colonización promovió unas obras de saneamiento que afectaron al borde interno de las salinas. Las transformaciones realizadas con fines cinegéticos a partir de los años setenta acabaron de definir la configuración actual de este espacio.



